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Existen algunas prácticas sencillas que pueden mejorar la confianza en los resultados:
- Evaluación técnica de los analistas
En un laboratorio interno de una industria alimentaria, tener un certificado de formación no significa automáticamente que una persona esté preparada para realizar cualquier análisis.
Por eso, no hay que quedarse únicamente con el registro de formación, hay que comprobar que sabe ejecutar correctamente el método y documentar su competencia y autorización.
Por ejemplo:
Un analista recibe formación en microbiología, aprende a realizar recuentos microbiológicos y queda registrado que “ha sido formado”.
Pero…
👉 ¿Cómo sabemos que ejecuta correctamente la técnica?
👉 ¿Quién ha evaluado su competencia?
👉 ¿Qué análisis está autorizado a realizar?
👉 ¿Puede trabajar solo o necesita supervisión?
👉 ¿Qué ocurre si cambia el método, el equipo o la técnica?
Aquí es donde una buena gestión de la competencia del personal de laboratorio marca la diferencia.
Una autorización de analistas bien planteada debería permitir conocer, como mínimo:
🔹 Qué técnicas y métodos domina.
🔹 Qué equipos puede utilizar.
🔹 Qué análisis puede realizar de forma autónoma.
🔹 Quién evaluó su competencia y cuándo.
🔹 Qué evidencias existen de esa evaluación.
🔹 Cuándo debe volver a evaluarse su competencia.
Y algo especialmente importante:
La autorización no debería ser una foto fija.
Una persona puede estar perfectamente capacitada hoy y necesitar una nueva evaluación si:
• se incorpora un método nuevo;
• cambia un equipo;
• se modifica una técnica;
• lleva mucho tiempo sin realizar determinado análisis;
• aparecen resultados anómalos;
• o se detectan desviaciones en la ejecución.
En una auditoría IFS/BRCGS, no queremos demostrar simplemente:
“Esta persona hizo un curso.”
Queremos poder demostrar:
“Esta persona ha sido formada, hemos evaluado su competencia y sabemos exactamente qué actividades está autorizada a realizar.”
Porque en un laboratorio de una industria alimentaria, la competencia del analista también forma parte de la confianza que tenemos en el resultado analítico.
- Incorporar muestras control
Las muestras control permiten comprobar que el proceso analítico se mantiene bajo control y detectar problemas antes de que afecten a nuestros resultados, pueden ser una herramienta muy útil para demostrar que los análisis se están realizando de forma consistente.
Pero hay un error bastante frecuente:
tener muestras control no significa necesariamente tener un buen sistema de control.
Para que sean realmente útiles, deberíamos poder responder preguntas como:
🔹 ¿Qué estamos controlando?
¿La técnica del analista?
¿El método completo?
¿El equipo?
¿La estabilidad del proceso analítico?
🔹 ¿Por qué hemos elegido esa muestra?
El material de control debe ser adecuado para el objetivo que queremos controlar.
🔹 ¿Con qué frecuencia la analizamos?
No debería ser una frecuencia elegida simplemente porque “siempre se hizo así”.
🔹 ¿Qué resultado consideramos aceptable?
Necesitamos criterios definidos que nos permitan interpretar el resultado.
🔹 ¿Qué hacemos cuando obtenemos un resultado fuera de criterio?
Aquí empieza lo realmente importante.
Un resultado no conforme debería llevarnos a preguntarnos:
👉 ¿Qué ocurrió?
👉 ¿Desde cuándo puede existir el problema?
👉 ¿Qué otros resultados podrían estar afectados?
👉 ¿Es necesario repetir análisis?
👉 ¿Hay que revisar equipos, reactivos, medios de cultivo o condiciones de ensayo?
👉 ¿Es necesario evaluar el impacto sobre resultados utilizados para liberar producto?
- Utilizar cartas de control
No hay que mirar solamente si el resultado está “dentro o fuera”. Hay que analizar la tendencia: una deriva progresiva puede avisar de un problema antes de que aparezca un resultado fuera del criterio de aceptación.
Y esa información puede permitirnos actuar antes de que tengamos un resultado claramente fuera de especificación.
Por eso, la pregunta interesante debería ser:
“¿Cómo utilizáis los resultados de las muestras control para demostrar que vuestro proceso analítico es fiable y permanece bajo control?”
Porque el objetivo no es acumular registros.
El objetivo es utilizar los datos del laboratorio para tomar decisiones fiables sobre la seguridad y calidad de nuestros alimentos.
Competencia + muestras control + carta control (análisis de tendencias) = más información para tomar mejores decisiones, más confianza en los resultados que se utilizan para controlar los procesos y productos.
¿Utilizas alguna de estas 3 prácticas en tu laboratorio?